25 DE MAYO

   El día 24 de mayo se celebró  en la Escuela el acto del «25 de Mayo de 1810». Fecha que nos lleva a reflexionar sobre aquellos hombres de mayo que lucharon tanto por sus ideales para darnos una Patria libre.

   El evento estuvo organizado por la profesora Giovanna Requia . Este comenzó con la lectura de las glosas y la presencia de la Bandera de ceremonias portada por Mirko Catril Shiavi y escoltada por Agustina Pugliese y Facundo Arza.

   El discurso de la Profesora Giovanna fue el siguiente:

    «En el año 1810 estallaron movimientos emancipadores en casi toda América. Vencidas las invasiones inglesas por el heroísmo popular y humillada la autoridad del virrey, los patriotas comprendieron su valor y comenzó a tomar forma la idea de libertad.

    Que Mayo fue un movimiento profundo, lo prueba la aparición de hombres grandes. Todas las revoluciones las producen. Y también producen poetas. En ese momento la lírica estaba a la altura de la espada. Los cantos de mayo decían:

 

Cielito cielo que sí

Cielito siempre cantad

Que la  alegría es del cielo

Del cielo es la libertad

 

    Una juventud ardiente y culta  se había criado dentro y fuera del país. Todos ellos sabían que no querían seguir siendo colonia. La revolución se hallaba en las calles, en el cabildo, en los cuarteles, en las sociedades secretas.

   Los patriotas y el pueblo exigieron el Cabildo Abierto, que, el 22 de mayo marcó el comienzo de la revolución por la independencia argentina y americana.

    El espíritu de Mayo brotó en la convicción de hombres de principios rectos, como Moreno, que fue la acción, el ánimo combativo, o Belgrano, que representó su pensamiento y fue su espada, y Castelli, el orador que con su palabra llena de brío llegó a las provincias.

    El 25 de Mayo de 1810, en la plaza, el pueblo clamaba, golpeaba las puertas para “saber de qué se trataba”. Y lo supo, finalmente, cuando se votó la Primera Junta, cuya proclama diría en uno de sus fragmentos: “Teneis ya establecida autoridad que remueve la incertidumbre de las opiniones y calma todos los recelos. Las aclamaciones generales manifiestan vuestra decidida voluntad; y sola ella ha podido resolver nuestra timidez a encargarnos del grave empeño a que nos sujeta el honor de la elección. Fijad pues vuestra confianza y aseguraos de nuestras intenciones…”

    Hoy, a doscientos dos de hacerse públicas esas palabras en las que se ratificaba  el valor de la decisión popular, seguimos recordando los hechos que las rodearon. Seguimos reuniéndonos, como aquí, pues no podemos dejar  que muera un sueño propio de la libertad. Porque recordar es una forma de vitalizar una vez más el espíritu de mayo, ese que daba ímpetu a las palabras de Moreno cuando decía “Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía”.

 

A esos hombres los movían convicciones profundas y cada semana de mayo  tenemos la oportunidad de volver a ese tiempo en que exigían la destitución del virrey y el nombramiento de un gobierno propio pues con ello sentaban las bases de una nación emancipada que debe “preferir siempre una libertad procelosa a una servidumbre tranquila”.

  Por último  una alumna de 2° de secundaria leyó el siguiente  poema:

CARTA A MI PADRE  (Amelia Biagioni)

 

Después de la lluvia inmensa

que lamía el dolor,

y  hablaba de la sangre

dada como una flor,

oh padre, el día, el aire,

Dios vino en su color.

 

Para honrar a los hombres

de amor y de altivez,

sobre todo a los héroes

que esperan su ciprés,

para cantar el Himno

como en primera vez,

 

a la Plaza del júbilo

llegamos los hermanos,

y también, en palomas,

tú y los demás lejanos.

Un ala nos sonaba

en la voz y en las manos.

 

 

 

La Plaza en un fervor

celeste nos subía.

En la eterna pirámide

besé el tallo del día.

La Casa de la Historia

como una rosa ardía.

 

Vi, detrás de mi lágrima,

colmarse aquel lugar.

Calles, techos, balcones,

todo empezó a temblar

en un cóndor de luz

a punto de volar.

 

Cuando la libertad

ya todo el viento era

-paloma, clarín, canto,

catedral, primavera-,

yo sentí que en mis huesos

izaban la bandera.

 

*procelosa: tempestuosa.

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